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Mirtha Vila
"Monseñor Roubineau nos encomendó el deber de evangelizar para luego, educar"

A poco de cumplirse el 40º aniversario del Instituto Monseñor Roubineau, en septiembre de este año, Mirtha Vila, docente y tutora fundadora de esta Comunidad Educativa, relató los comienzos de esta gran obra, los desafíos y las necesidades de aquella época en la que la ciudad empezaba a expandirse con la conformación de nuevos barrios, como sucedió con el Berón de Astrada.

Mirta Vila se desempeñó en esta institución desde su primer día y hasta hace unos pocos años. En su mente y en su corazón atesora cada instante de esos años de trabajo intenso, religados irrestrictamente a Dios y a la formación. 

En una charla amena, larga, en la biblioteca del Instituto que hoy lleva el nombre de su padre fundador, recordó fechas, anécdotas, retos y triunfos, pero por sobre todo, conmemoró la sabiduría de quien impulsó esta inmensa obra, hublot replica watches con un temperamento siempre sereno, con ímpetu solidario y progresista: Monseñor Ramón Roubineau.
 
jagwatches.com ¿Cuál fue el primer suceso que dio inicio a la creación de esta institución?

La creación de la Capilla Sagrado Corazón de Jesús. En el año 1958, el Padre Ramón Roubineau, que por ese entonces era Administrador General del Arzobispado de Corrientes,  plantó un Cruz con la frase “Salva Tu Alma”, en el predio en el que más tarde se construiría la capilla, en lo que ahora es la intersección de la avenida Sarmiento y Necochea. Hasta la construcción del templo, celebraba Misa en un garage por Maipú y Necochea.

A los dos años, se construyó el templo,  era un edificio pequeño de unos 16 metros cuadrados aproximadamente al que empezamos a asistir las familias de zona. El barrio Berón de Astrada empezaba a nacer, con matrimonios jóvenes con muchos hijos.

¿En qué momento empieza a expandirse la misión evangelizadora a la educación?

Fue con la llegada a Corrientes de Elisa Domínguez, en marzo de 1967.  Ella traía la iniciativa de abrir un jardín de infantes privado, ligado a la Iglesia. Tenía ideas innovadoras y el Padre Roubineau, que siempre me veía en misa ya que era una vecina del barrio, me pidió que coordinara junto con Elisa la catequesis para los chicos de la zona.

El padre nos había pedido que “primero evangelicemos para luego educar. Y, luego, a través de a educación, combatir la pobreza”. Así fue como salimos con Elisa a pegar carteles por el barrio. Buscamos casa por casa a los niños para la catequesis, pero a su vez, trabajamos de manera intensa y prácticamente sin recursos para abrir el jardín.

Y, ¿Cuándo sucedió?

Ese mismo año. Con 27 alumnos de 4 y 5 años, se abrió el Jardín de Infantes El Patito Feo, en abril de 1967. Las clases se dictaban en la pequeña sacristía y en el amplio predio en el que se levantó el templo, con jornadas al aire libre.

Elisa visitó a las familias más pudientes de la ciudad. Les contó sobre el proyecto de abrir un jardín privado (el primero de Corrientes) con características de avanzada para la época y vinculado a la Iglesia. Ofrecía clases de inglés y arte así como contenidos didácticos innovadores. Su ímpetu cautivó la atención de las clases alta que inmediatamente inscribió a sus hijos en el jardín.

Los chicos nos empujábamos, no podíamos parar así que  en 1968, para dar continuidad a los niños que terminaron el jardín, se construyó un aula más, para el cursado del primer grado. Así nació el Colegio primario que lleva el mismo nombre de la Capilla: Colegio del Sagrado Corazón.

Y en 1973, se colocó la piedra fundacional para el colegio secundario en el que los alumnos que habían iniciado su formación en el jardín continuarían el nivel medio. Más tarde, se resolvió llamarlo Instituto Monseñor Roubineau, en honor al padre fundador de la comunidad educativa.

Trabajábamos todos por una misma causa, la de educar y evangelizar, teniendo a la solidaridad y a la formación integral de los niños como timón, y siempre, de la mano y con la guía  de Monseñor Roubineau.

¿Qué sucede cuando Monseñor Fallece?

En 1974, cuando la primera promoción cursaba el séptimo grado, Ramón Roubineau, que por ese entonces era Obispo de Corrientes, murió de manera repentina. Fue el 14 de agosto. Su partida generó una enorme conmoción en toda la comunidad que había nacido y crecido de su mano, con una expansión sostenida a fuerza de pulmón, en respuesta a la necesidad de evangelizar, de educar y de atender a los sectores más relegados.

Vivimos un profundo dolor, todos.

Para ese entonces, las gestiones para el inicio del nivel secundario ya estaban encaminadas.

Fue por ello que, aún en el medio de la tristeza por su partida, en 1975, empezó el primer año del Instituto Monseñor Roubineau. Ni siquiera  habíamos conseguido el reconocimiento legal de la Dirección de Enseñanza Privada de la Nación, pero contábamos con la total confianza y apoyo de los tutores.

En 1977, el mismo año en el que Elisa Domínguez, que se desempeñaba como rectora del secundario, renunció a su cargo y deja Corrientes, el colegio recibe el reconocimiento del gobierno, quien responde por los sueldos y cargos.

Fueron años tan intensos, estábamos todo el día en el colegio. Monseñor Roubineau nos dejó todo, principalmente la certeza de que era tan importante evangelizar a los niños para llegar a través de ellos a las familias. La educación, ligada a Dios, era el camino para una formación integral. Él nos guió en todo momento, aún después de su partida. Su mandato y sus consejos, son y siguiendo los pilares de esta Comunidad.

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