Tras dos años de aislamientos y trabajo en burbujas, iniciamos un ciclo que nos encuentra juntos como antes, pero diferentes. Atravesamos un proceso impensado de cambios y de muchos aprendizajes: aprendimos a reconocer aún más el valor de la vida, nos esforzamos en cuidarnos y en cuidar a los demás, entendimos lo importante que es respetar los tiempos y espacios del otro, construimos nuevas formas de aprender y nuevos espacios para encontrarnos.